La comisión de apoyo de la capilla Nuestra Señora de Itatí explicó en una rueda de prensa los trabajos que se están realizando en el interior y están vinculados a momentos esenciales del cristianismo y de la devoción a la patrona del nordeste.

Se trata de dos murales ubicados en el frente templo, a los lados del sector del presbiterio, y representan el Bautismo de Jesús en el río Jordán y el momento en que los niños indígenas guaraníes encuentran la imagen de la Virgen María en la orilla del Río Paraná en una piedra llamada itamoro (punta de piedra, en guaraní); además, se cuenta con la pila bautismal realizada en madera de pino por Daniel Simón Liebich.

El autor de los murales, esculturas sobrerrelieves en las paredes laterales al presbiterio, es el reconocido escultor breñense Christian Alvarenga de larga y rica trayectoria en obras escultóricas en Argentina y diversos países del Mundo. A él le correspondió también la realización de los trabajos escultóricos del templo parroquial que fue habilitado en septiembre de 2018, al pie del altar, de la capilla del Santísimo, Vía Crucis, entre otros.

Los integrantes de la histórica capilla de esta ciudad ubicada en Fray Mamerto Esquiú y Soberanía Nacional, que cumplirá próximamente 62 años, indicaron que “es una obra que fue pedida por el párroco presbítero Ernesto Rubén Pérez Díaz y que se concreta con aportes de la comunidad con un gesto del escultor que redujo notablemente el precio del trabajo por la relación afectiva y conocedor del deseo del fallecido diácono permanente Omar Héctor Zenoff. A esto le agregamos una pila bautismal que fue realizada con madera de pino por Daniel Simón Liebich”.

Desde 1962

El edificio de la capilla se inauguró el 9 de diciembre de 1962, teniendo como sacerdote que acompañó todo el proceso de construcción a Juan Huet, canadiense, al igual que el párroco de ese momento, Emilio Chenard.

La devoción por la Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de Itatí, se puede decir que nació en El Colorado, Formosa, donde vivía la familia que encabezaba Enrique Martínez Duarte junto a su esposa Gabriela; él, junto a una veintena de vecinos, en 1955 viajó en la caja de un camión por los polvorientos caminos de entonces hasta el Santuario de la Patrona del Litoral. Allí cumplieron promesas, rezaron y don Enrique adquirió una pequeña imagen de la Virgen que hizo bendecir con un sacerdote del Santuario, la que llevó y entregó a doña Gabriela. Pasó a ocupar un lugar destacado de la casa y cada 8 de diciembre, con vecinos y amigos se rezaba el rosario, se cantaba y todo concluía con comida y música litoraleña para bailar.