
La llegada y recorrido de las reliquias de María Antonia de San José, Mama Antula, a la Diócesis de San Roque se vivió como un acontecimiento profundamente espiritual que trascendió lo meramente geográfico.
La parroquia San Miguel Arcángel contó con su presencia desde la mañana del sábado 11 hasta después de la Misa del domingo 12 a las 08:00. A las 9 hs fue trasladada a la comunidad de General Pinedo.
No se trató solo de un itinerario por distintas comunidades, sino de un verdadero camino de fe que unió, interpeló y renovó el espíritu del pueblo.
Las reliquias iniciaron su recorrido el 24 de marzo en la parroquia de Machagai y, a lo largo de los días siguientes, continuaron su visita por otras comunidades de la diócesis, donde fueron recibidas con profunda devoción y participación. Cada encuentro se convirtió en un espacio de oración, cercanía y comunión, reflejando el fuerte vínculo del pueblo con la figura de Mamá Antula.
A lo largo de esos días, su presencia despertó un clima especial en cada lugar. Su vida, marcada por la entrega, el sacrificio y la misión, invitó a mirar la fe desde lo concreto: desde el compromiso cotidiano, desde el servicio al otro y desde la perseverancia en medio de las dificultades.
Generando impacto
Este paso por la diócesis tuvo un valor especial porque actualizó su legado. Mamá Antula no solo fue una mujer de su tiempo, sino una testigo viva de lo que significa sostener la fe en contextos adversos. Por eso su presencia, a través de sus reliquias, generó impacto, tocó corazones, movilizó comunidades y despertó el deseo de una vida más comprometida con el Evangelio.
Más allá de los lugares específicos, lo verdaderamente significativo fue lo que ocurrió en las personas ya que el recorrido dejó una huella interior invitando a volver a lo esencial, a reencontrarse con Dios y a redescubrir la dimensión comunitaria de la fe. En un contexto muchas veces atravesado por el individualismo, esta experiencia recordó que la fe se vive mejor cuando se comparte.
La consigna que acompañó esta peregrinación, “Uno en Jesús, unidos en la misión, misión de amor”, sintetizó el sentido profundo del acontecimiento. Fue una invitación a no quedarse solo en el paso de las reliquias, sino a continuar el camino que Mamá Antula inició; un camino de entrega, de evangelización y de amor concreto hacia los demás.
El recorrido culminó el lunes 20 pasado con su última visita en la comunidad de Villa Ángela, cerrando así una peregrinación que dejó una marca profunda en toda la diócesis. Su paso no se agotó en el tiempo ni en el espacio: permaneció en cada comunidad transformada, en cada gesto solidario que surgió de este encuentro y en cada persona que asumió el compromiso de vivir una fe más activa y comprometida.
Somos Comunidad. Somos Iglesia.

