La adoración de la Santa Cruz es el acto central de la liturgia del Viernes Santo, donde los fieles veneran el instrumento de la Pasión de Cristo como símbolo de redención, amor y victoria sobre el pecado.

La parroquia estuvo colmada para esta celebración en la tarde de este Viernes Santo y, en un ambiente de silencio y respeto, la comunidad revivió como en todas las celebraciones de la Semana Santa la Pasión del Señor.

Comenzó la ceremonia con el ingreso del párroco Rubén Pérez, el diácono José Gabriel Lourtau, monaguillos, ministros de la Eucaristía y fieles de todo el ámbito parroquial, encontrándose el altar sin mantel ni adorno alguno, sin candelabros, y con el color rojo como símbolo del martirio, en los ornamentos del celebrante.

Las lecturas del día comprendieron las del libro de Isaías 52,13 - 53,12; Salmo 30,2 y 6; 12-13; 15-16; 17 y 25 (Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu); carta a los Hebreos 4,14-16; 5,7-9; y, finalmente, se proclamó el Evangelio del día, Pasión de nuestro señor Jesucristo según san Juan 18,1-19,42.

Luego, el sacerdote y el diácono fueron sosteniendo la Cruz debajo del presbiterio para que los fieles fueran partícipes del momento de Adoración a la Cruz, realizando una reverencia o de rodillas tocando o besando el madero.

En esta jornada comenzó también la novena a Jesús de la Divina Misericordia con el rezo de la Coronilla que será preparación para la solemnidad del domingo 12.