La Diócesis de San Roque informó este lunes lo que propone a través de la Pastoral de Adicciones frente al avance de las dependencias que golpean a las comunidades.

En este tema, se indica, la Iglesia redobla su compromiso desde la fe, el acompañamiento espiritual y la contención familiar.

Las adicciones no distinguen barrios, edades ni clases sociales. Es una realidad que, lamentablemente, se ha vuelto parte del paisaje cotidiano en nuestra zona. Sin embargo, allí donde el dolor parece ganar terreno, la Iglesia se hace presente. Desde hace varios años, la Pastoral de Adicciones de nuestra diócesis viene trazando un camino de escucha y acción, transformándose en un faro de luz para quienes atraviesan la oscuridad de la dependencia.

Fueron las inquietudes en distintas parroquias y capillas las que dieron vida a este proyecto. Sacerdotes, laicos y agentes pastorales comenzaron a notar una necesidad urgente: familias desorientadas y jóvenes atrapados que buscaban no solo una respuesta clínica, sino un abrazo fraterno y una mirada espiritual.

Bajo esta premisa, la Pastoral ha ido buscando, paso a paso, el modo más adecuado de intervenir. No se trata solo de un programa de rehabilitación, sino de ofrecer una mirada integral de la persona, donde el encuentro con Jesús y la vida comunitaria se convierten en los pilares de la sanación.

Detrás de cada estadística hay un nombre, una historia y, sobre todo, una familia que lucha. El esfuerzo de estos padres, hermanos y abuelos es lo que sostiene el corazón de la Pastoral. "La fe es lo que nos mantiene en pie cuando las fuerzas flaquean. Aquí encontramos a otros que pasan por lo mismo y entendemos que no estamos solos", comenta un miembro de uno de los grupos que anima la pastoral.

Hay mucho por hacer

“Si bien nos queda mucho por hacer, hay que agradecer las numerosas iniciativas que han florecido en este tiempo; son grupos de escucha, espacios de contención para quienes necesitan desahogar el dolor; acompañamiento espiritual, el sacramento y la oración como herramientas de fortaleza; talleres de prevención, sembrando conciencia en los más jóvenes para evitar que caigan en el flagelo” comentó el padre Fernando Sosa, sacerdote que acompaña a esta pastoral en la diócesis.

A pesar de los logros, el desafío sigue siendo inmenso. La presencia de las adicciones en nuestra diócesis exige una Iglesia en salida, creativa y misericordiosa. El compromiso de la Pastoral es seguir haciendo camino, adaptándose a las nuevas realidades y buscando siempre nuevas formas de anunciar que la libertad es posible.

La invitación queda abierta para toda la comunidad: sumarse con la oración, el tiempo o simplemente con una mirada que no juzgue, sino que comprenda. Porque, como bien enseña la Pastoral, donde abunda el problema, sobreabunda la esperanza y la solidaridad.

Somos Comunidad. Somos Iglesia.

Información e imagen: Diócesis San Roque.