
El investigador Juan Gustavo Wouchuk Schmidt, es nieto y bisnieto de inmigrantes ucranianos, nacido en Argentina, y que hoy está radicado en Poblete, provincia de Ciudad Real de España, como ciudadano español.
Envió a este medio un aporte con una breve reseña histórica que está difundiendo entre sus mis amigos españoles y está referido a dos aspectos de la historia de Ucrania como son el nombre de Rus que le habría sido quitado y la tradición de ofrecer el pan y la sal en ese país.
En el siglo X AD, en Ucrania florecía el reino de la Rus de Kyiv, donde hoy se alza la capital de Ucrania, muchísimo antes de que existiera Moscú, que por entonces era un pantanal poblado por sapos y tribus nómades de origen ugro fínnico, dedicadas al saqueo de las poblaciones vecinas. El. príncipe de Kyiv, Volodymyr velykyi (Vladimiro el grande) abrazó el cristianismo en el año 988. Lo hizo a través del cristianismo ortodoxo de Bizancio; por eso en Ucrania el rito es mayormente ortodoxo.
El Catolicismo entró mucho más tarde, a través de Polonia y, por ello, el monasterio de las cuevas de Kyiv abunda en arte bizantino. Kyiv mantuvo importantes lazos diplomáticos con Bizancio. Esto explica por qué el Este es ortodoxo y el Oeste católico. Mucho más tarde, después de que los hunos arrasaran Ucrania, Pedro I (de grande solo tenía crueldad y cobardía), nos robó el nombre Rus y lo adaptó a la fonética rusa: "Rossiya". Rusia debería ser hoy el nombre de Ucrania. Le corresponde por historia.
Tradición de ofrecer el pan y la sal en Ucrania.
Es muy conocida la tradición ucraniana de recibir las visitas con pan y sal ofrecidos sobre un rushnyk, toalla ritual bordada. La costumbre es muy antigua
y data de la época en que los escitas habitaron las estepas del sur de Ucrania.
Al respecto, es oportuno hacer un breve guiño sobre los escitas que fueron un pueblo nómada ecuestre, hablantes de lenguas iranias, que dominaron las estepas del norte del Mar Negro, en la actual Ucrania, desde el siglo VIII a.C. hasta el IV a.C., dejando un rico legado arqueológico en sus túmulos funerarios (kurgans) con espectaculares piezas de oro y arte animalístico, conectando civilizaciones y estableciendo un poderoso reino antes de ser desplazados por los sármatas y asimilados por los sármatas y los eslavos, aunque sus descendientes, como los osetios, perduran.
Era tradición escita que, cuando ellos recibían visitas de poblaciones vecinas, el comité de bienvenida estuviera formado por dos de las chicas más atractivas del poblado, quienes recibían a las visitas con pan y sal, ofrecidos sobre un rushnyk.
Dicha tradición perdura aún hoy y se ejecuta con las visitas oficiales de estado, por ejemplo. El pan que se ofrece en dicha ceremonia recibe el nombre de korovai. Mis abuelos paternos, aun estando tan lejos de Ucrania, conservaron minuciosamente esta tradición, como tantas otras.
De los escitas ha quedado, además de la comentada tradición, un buen número de piezas de gran valor arqueológico, de entre las que destaca el pectoral de oro escita de Tovstá Mohyla. Lamentablemente, muchas de esas piezas fueron robadas por los rusos y hoy se exhiben impunemente en museos de Leningrado y/o Moscú, fieles a su política de esquilmar y robar a los países que dominaron por virtud de la fuerza.

