La parroquia San Miguel Arcángel vuelve a contar con el servicio de un diácono permanente, luego del fallecimiento de Omar Héctor Zenoff que fue ordenado el 23 de diciembre de 1995 y que desempeñó esa función por más de 26 años.

Por ello y otros motivos, la del viernes pasado fue una histórica y emotiva noche en nuestra diócesis.

El comunicado de la Diócesis indica que la Catedral San Roque vivió este viernes 5 de diciembre una noche llena de emoción, fe y profunda alegría comunitaria. Por primera vez desde su llegada a la diócesis, Monseñor Hugo Barbaro ordenó a dos diáconos permanentes, un hecho histórico que quedará grabado en el corazón de todos los presentes.

Los nuevos diáconos son Carlos Honziac de la parroquia San Antonio de Padua de Santa Sylvina y José Lourtau de la parroquia San Miguel Arcángel de Las Breñas. Acompañados por sus familias, sacerdotes, religiosas y un gran número de fieles, recibieron la imposición de manos ante una catedral que desbordaba emoción y gratitud.

La celebración comenzó pasada las 19:30 y, desde el inicio, se sintió ese clima especial que sólo generan los momentos verdaderamente trascendentes para la vida de la Iglesia.

Durante su homilía, Monseñor Barbaro compartió palabras que tocaron profundamente a la comunidad. Recordó el valor del servicio y agradeció a todos los que, día a día, entregan su tiempo y su corazón: “Muchos de ustedes, queridos fieles, realizan tareas de servicio en la Iglesia… catequesis, visitar enfermos, impulsar grupos… Pido al Señor que sean muchos los servidores en nuestras parroquias, y que sigan surgiendo iniciativas que ayuden a que mucha gente conozca mejor la fe y vaya por caminos de salvación.”

También dirigió un mensaje especial a Carlos y José, destacando el llamado que hoy abrazan con amor: “Todos estamos llamados a ser santos y a ser servidores… Ustedes experimentaron un llamado a ocuparse de tareas parroquiales y diocesanas, pero con un añadido: como ministros de Cristo, con la impronta que confiere el Sacramento del Orden.”

Y agregó una reflexión que llenó de esperanza a la asamblea: “Aunque siguieran haciendo lo mismo que hasta ahora, como impartir catequesis, por la ordenación diaconal esas clases estarán respaldadas por la gracia del Sacramento del Orden en su primer grado.”

La noche cerró con aplausos, abrazos y emoción compartida. La diócesis recibe así a dos nuevos servidores, y toda la comunidad los acompaña con la oración, el cariño y la certeza de que su misión será fecunda.

 ¡Felicitaciones, Diáconos Carlos y José! Que el Señor los fortalezca y los guíe en este nuevo camino de servicio y entrega.

Seamos Peregrinos de Esperanza. Vivamos el Año Santo.