Los pequeños caseríos de la zona rural que originaron parajes desde la década de 1920, aproximadamente, fueron desapareciendo de a poco en los últimos 30 años;

por buscar mejores servicios, educación, salud, confort, etc.

Los caseríos se formaban alrededor de una escuela o eran los que le dieron origen, en la mayoría de los casos; además, era el punto de encuentro para la educación, la cultura, el deporte y toda actividad que involucrara a la comunidad. A la par, en ocasiones, se creaba una sala de primeros auxilios, una capilla, u otra entidad útil para la comunidad rural como consorcio caminero, destacamento policial...

En la búsqueda de mejores servicios en los pueblos y ciudades se produjo el éxodo de las familias y, por falta de alumnos, muchas escuelas debieron cerrarse; hoy quedan como mudos testigos de ricas historias las paredes caídas, horcones sin nada para sostener, yuyales y soledad.

Don Enrique Sosa visitó hace un tiempo atrás su escuela N° 459 del lote 6, jurisdicción de San Bernardo y, después de 70 años, afloraron los recuerdos y lo invadió la emoción por el estado de su “querida escuelita”. Él que supo retratar como pocos, ya que fue fotógrafo en Las Breñas desde mediados de la década de 1960 y por más de 20 años, no se animó a tomar imágenes del estado de su segunda casa cuando era niño.

Explicó que “cuando llegué al patio me sentí un niño por un momento, me embargó una enorme emoción, me atropellaron los recuerdos y lloré, con la mirada turbia recorrí todo el predio, la fachada, el patio donde corrimos tantas veces, jugando entre risas, llantos; hoy todo está cubierto de malezas, el viejo mástil donde izábamos la Bandera y, con cuánta emoción y respeto, cantábamos las canciones patrióticas”.

Los primeros

Destaca que le pareció ver a su primera maestra, Isabel Luisa Rojas, “Pibina”, un ejemplo de docente; o a sus compañeros hermanos Ojeda, Sapiega, Spital, Kucek, Petelsky, Valeff, Horvat, Vachoff, Cuevas, García, Losicky, Olga Sydorczuk, Argañaraz, Domínguez, Sosa, Leguizamón, entre otros.

“Me dio mucha pena ver así a mi vieja escuela, cuenta don Enrique, me contron que la cerraron y fusionaron con la Escuela N° 364 de la Gran Bestia, La Clotilde; difícil que vuelva a verla, para qué?, se pregunta; el paso del tiempo no perdona y veo cómo quedó tan lejos todo aquello, la escuela, las casas, la gente, pobladores que éramos iguales gringos y criollos, colonias inicipientes con muchas necesidades pero con la convicción de los padres de una educación para sus hijos, destaca. Así se unían, uno donaba el terreno que, generalmente, era de 5 has, distribuían las tares para construir el edificio, destroncar, hacer el alambrado, gestionaban la creación de la escuela; en albañilería se destacaban los “gringos” que venían conociendo el oficio de sus pagos búlgaros, alemanes, rusos, polacos; como Gerónimo Kucek y Juan Valeff que hicieron un salón de 6 por 7 mt donde fue el aula para todos los grados”.

Sosa, además de fotógrafo fue productor agropecuario, comprometido siempre con las instituciones como la Cooperativa Agropecuaria Las Breñas Limitada en la que integró el Consejo de Administración en varios períodos; el Consorcio Caminero N° 113 de Pampa Iporá Guazý, la cooperadora de la EEA INTA Las Breñas, Club Social, Asociación Ciclista, entre otras. Desde la actividad productiva primaria conoce del esfuerzo que hacían las colonias de entonces, tan pobres pero con tanta voluntad para encarar proyectos jalonados por los valores, la cultura del trabajo, respeto por el otro.

Finalmente dice que “muchos de mis compañeros ya no están con nosotros y para ellos dejo un eterno recuerdo y para los que viven les envío un fuerte abrazo en la distancia, recordando la Escuela N° 459 y a Basilia Valeff, una de las primeras alumnas, luego maestra y directora con casi toda su trayectoria en el establecimiento”.