
Los fieles católicos breñenses compartieron las celebraciones del sábado 2 y domingo 3 en el templo de la parroquia San Miguel Arcángel que contemplaron la fiesta de La Candelaria y San Blas.
Las celebraciones estuvieron a cargo del vicario parroquial presbítero Rogelio García, junto al diácono permanente Omar Héctor Zenoff y, si bien fue el primer domingo del mes, no se realizó con la oración por los enfermos que se retomaría el mes que viene. Desde ese momento, como ocurrió en enero, se hará la celebración el primer domingo de cada mes con el acompañamiento habitual de centenares de fieles que comparten que se acercan para pedir y agradecer por su salud y de familiares enfermos, como así también esperar el paso del Santísimo Sacramento frente a todos y cada uno de los fieles presentes.
El sábado, se vivió la Fiesta de “La Candelaria” que se celebra cada 2 de febrero, coincidiendo con la celebración de la presentación del Señor y la purificación ritual de la Virgen María que, a mediados del siglo V era conocida como la “Fiesta de las luces”. Se dice que comenzó en oriente con el nombre del “encuentro” y luego se extendió a occidente en el siglo VI, celebrándose en Roma con carácter penitencial; si bien no hay certeza de cuándo comenzaron las procesiones con velas relacionadas a esta fiesta, se refiere que en el siglo X se celebraban con solemnidad.
San Blas
El domingo 3, recordación de San Blas, las eucaristías fueron a las 8, a las 10 y a las 20 hs; durante la Santa Misa vespertina celebrada en un templo colmado, después de la comunión y de bendecir los cirios, el padre Rogelio realizó la bendición de las gargantas con la colaboración del diácono Omar Zenoff, con el ruego "Por intercesión de San Blas, te libre Dios de los males de garganta y de todo otro mal". Para ello, se colocaban los cirios en cruz cubriendo la garganta de cada asistente y, de modo especial, de los que usan profesionalmente sus gargantas como docentes, locutores, entre otros.
La costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta el 3 de febrero, vendría de la tradición que indica que Blas de Sebaste era conocido por su don de curación milagrosa, que aplicaba tanto a personas como a animales. Salvó la vida de un niño que se ahogaba al clavársele en la garganta una espina de pescado.

